#acampadasol desde dentro

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Cargado originalmente por gloop!

Ayer el amigo @copépodo (de Diario de un copépodo, gran blog actualmente en hiato, o como dice su autor, en criptobiosis) ha estado, como otras veces en los pasados días, en la #acampadasol, y se ha traído de vuelta una impresión algo más positiva que la que venimos extrayendo los indignados que apreciamos las bondades del método científico. En sus propias palabras:

[…] Esta tarde me he pasado un par de horas paseando y hablando con la gente, y no sé si es que me han vendido muy bien la moto o si realmente se están exagerando mucho las cosas. Quizá el problema sea, precisamente, que cada uno cuelga la pancarta que quiere y da rienda suelta a su imaginación y a su expresión, y claro, hay mucho chaladete por ahí. De las primeras cosas que hice fue hablar con una chica de respeto, que se mostró extrañada y muy comprensiva con lo que dije sobre la pancarta contra “la dictadura científica” (que qué tendrán que ver los cojones con comer trigo, y que la ciencia no es “mala” ni tiene la culpa de nuestros problemas). Me preguntó que dónde estaba la pancarta y yo le indiqué el lugar (aunque más tarde comprobé que ya no estaba), y me dijo que se lo comunicaría a los que están quitándolas de los comercios pequeños. Dejé también una sugerencia por escrito en el buzón de respeto, porque son los voluntarios encargados de mediar y me pareció lo más indicado. No sé si se reparará en ella, pero no será por falta de voluntad: me atendieron y se tomaron en serio lo que dije.

Pude ver con mis propios ojos una ceremonia muy rara de vete a saber qué, equipos de meditación, el grupo de feministas, el “espacio para el amor”, etc. Sin comentarios. También vi muchas otras cosas agradables. Una chica de origen sirio que está recogiendo firmas para que el embajador en España sea expulsado. Van más de 1100 muertos y 800 desaparecidos en Siria y ha dejado de ser noticia. Un señor de 70 años, totalmente emocionado, había escrito una jota sobre el movimiento 15-M y la leyó delante de una pequeña multitud, recibiendo muchos aplausos, absolutamente feliz, realizado. Me encantó. Le di la tabarra a otra chica muy amable de información sobre lo del consenso de mínimos, el riesgo de que los acaben echando etc. Me explicó que están aprendiendo y que lo hacen lo mejor que pueden, y la creo. Han organizado una comisión para hablar con los comerciantes y limar posibles asperezas, ayudar a los equipos de limpieza del ayuntamiento, etc. Para mucha de esta gente la acampada está siendo una experiencia social de voluntariado. Es cierto que hay indigentes viviendo en Sol (comida gratis y buen rollo), pero esta chica me planteaba que en ese sentido se está haciendo un servicio social. Me habló de las dificultades de los de “respeto” para mediar con gente pelín conflictiva que no es del movimiento (no mees ahí, no hagas ruido a estas horas, etc).

En estos días pasados los que nos consideramos racionalistas hemos tenido que añadir a la indignación propia de la política otra fuente de cabreo. Con mayor o menor entusiasmo nos hemos dirigido contra la propia organización de la acampada, que ha permitido que campen a sus anchas magufos de todos los colores con pancartas surrealistas sobre chemtrails, el New World Order, los transgénicos y otras hierbas, así como actividades y comités de la más variada extracción: reiki, biodanza o ceremonias con cristales de cuarzo, por citar sólo unas cuantas. Siendo esto cierto, hay un aspecto que hemos pasado por alto y al que no podemos dejar de atender si pretendemos entender por completo el fenómeno que se ha estado desarrollando en Sol y en otros lugares del país. Y es que no existe una “organización de la acampada”. Podemos anotar este hecho en la lista de características negativas si así lo deseamos, pero la consecuencia inmediata es que toda maguflautez (delicioso neologismo acuñado por @Rinze, de Las penas del Agente Smith) existe a título personal o de grupos que no representan a la totalidad —probablemente ni siquiera a una mayoría simple— de los participantes.

@copépodo continúa su reflexión personal:

En resumen: sigo pensando que habría que espabilar y no olvidarse de la reivindicación política, y hacer todo lo posible para que el campamento acabe por propia voluntad, sin que llegue la policía y dejándolo todo impecable. Sin embargo, creo que la gente de la acampada, si peca de algo, es de tierna ingenuidad. Están muy activos intentando arreglar el mundo. Sobran ideas, diálogo, ganas de hacer las cosas bien. Falta un poquito de organización y de saber priorizar. El ambiente sigue siendo fabuloso, con participación de gente de todo tipo y edad (aunque sí que hay mucho perroflauta).

Personalmente, lo del rollo new-age no me molesta, o al menos no tanto como para estar en contra de la acampada. Creo que en nuestro entorno tuitero la gente es demasiado susceptible a la magufería. Está bien combatirla e intentar que la gente no sea tan ignorante, pero hay que convivir sabiendo que siempre habrá magufos irreductibles, y que en esta “lucha” nos tocará estar codo con codo.

@copépodo, científico profesional, ha llegado más allá de lo que lo hemos hecho otros —como yo mismo con mi anterior artículo Irracionalistas al Sol. La impresión que ha obtenido es que existe la sensibilidad necesaria para que estos sucesos sean atajados y su importancia relativa reducida.

La libertad de expresión asiste a los congregados en Sol para expresar cualquier opinión que no sea abiertamente ilegal, y los desprecios a la ciencia no lo son. Sin embargo, somos muchos los que pensamos que al necesario acuerdo de mínimos al que está costando tanto llegar hay que añadir una actitud de seriedad y respeto absoluto con aquellos elementos que no son esenciales para el desarrollo de la protesta, y que pueden conferirle una fuerza que necesitará más adelante. El colectivo científico, universitario y el círculo más amplio de racionalistas y escépticos forman (formamos) una entidad muy bien conectada y que dispone de recursos de todo tipo para ayudar a sacar adelante algo tan necesario como una regeneración del sistema democrático del país. Prescindir de entrada de su apoyo por dar protagonismo a prácticas tan dudosas como la religión que aspiran —y aspiramos— a separar del ámbito de la vida pública es un grave error que muchos ya estamos lamentando.

@copépodo termina su reflexión de esta forma:

Yo les doy un voto de confianza al menos hasta el fin de semana. Es entonces cuando se harán las asambleas de barrio (yo iré a la mía a explicar mi opinión que ya conocéis) y se tomarán decisiones importantes sobre en qué quedará todo.

No puedo estar más de acuerdo.


Artículo escrito a cuatro manos entre @copépodo y un servidor, @brucknerite.

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