La brújula política

brújula
Compass (imagen de Roland Urbanek)

Percibimos la política como una actividad con dos polos. Eres de izquierdas o de derechas, rojo o azul. Esto no tiene ningún misterio: somos la mejor máquina de categorizar que ha dado la evolución –que sepamos. Pero cualquiera que se aproxime a la política desde un punto de vista algo menos maniqueo y más racional se dará cuenta enseguida de la existencia de imperfecciones en el modelo. Tendemos a soslayarlas en el discurso diario: “o estás con nosotros o contra nosotros”. Pero la realidad es más cruel con nuestras expectativas: hay asuntos en los que el eje rojo-azul no basta para modelar el posicionamiento político de las personas. Las llamamos “cuestiones transversales”.


En un país en el que la política se articula por medio de partidos supuestamente homogéneos y casi siempre mantenidos así desde dentro con puño de hierro, la existencia de cuestiones transversales puede parecer una sorpresa. Nuestros representantes se esfuerzan en mostrar una fachada simplista en la que cuando unos toman una postura sobre cualquier asunto, los otros adoptan automáticamente la contraria. Es una especie de brújula política, donde si un extremo de la aguja apunta al norte, el otro no puede evitar apuntar al sur. Esto, sin embargo, no tiene sentido: ¿cómo se es “más de derechas”, favoreciendo el proteccionismo económico o impulsando el libre comercio entre las naciones? ¿Quién es “más de izquierdas”, el que apoya la colectivización de la economía o quien cree que el Estado no tiene por qué meterse en la vida sexual de sus ciudadanos? ¿Se puede creer a la vez en el derecho al aborto por plazos y en la negociación individualizada de las condiciones laborales? ¿Es compatible una moral estrictamente religiosa con máximas del tipo “la tierra para el que la trabaja”? ¿Hay reaccionarios de izquierdas? ¿Y anarquistas de derechas?

La respuesta a todas esas preguntas es “sí”. La simplificación implícita en la línea izquierda-derecha es de índole económica, pero las diferencias que surgen en el modelo de sociedad que cada uno de nosotros considera más deseable no sólo pueden ser más relevantes; también son por completo independientes de la economía, por mucho que el panorama de partidos monolíticos en España nos pueda conducir a la conclusión opuesta.

Cualquier descripción del posicionamiento político de una persona o un colectivo se basará en un modelo, y por tanto será una ficción más o menos conveniente. Ya hemos visto que la línea izquierda-derecha, aunque práctica y de fácil interpretación, tiene serias limitaciones. De modo que podemos aplicar un truco común a todas las ciencias a la hora de modelar el mundo real: añadir una dimensión. Consideremos la línea izquierda-derecha como un eje económico que se mueve desde el colectivismo hasta el neoliberalismo, y añadamos un eje vertical para asuntos sociales, que discurra desde el anarquismo hasta el autoritarismo. Así:

Modelo político de dos dimensiones, o plano político
Modelo político de dos dimensiones, o "plano político". Adaptado de The Political Compass™ (http://www.politicalcompass.org/)

Es posible criticar la elección de variables independientes, pero esta es tan buena como cualquier otra. De igual forma, podríamos intentar añadir más dimensiones al modelo, pero la complejidad de la visualización iría muy rápidamente (¡con tan sólo una dimensión más!) en contra de la intención inicial, que es transformar las etiquetas que asociamos al discurso político, tanto a personas como a partidos o a cuestiones individuales para decidir, en algo más expresivo que el tradicional “esto es de rojos” o “de fachas”. Por cierto, ¿cómo podemos ubicar a diferentes personajes políticos en este plano?

No es un problema trivial, ya que aunque hablemos de ejes, éstos no implican ningún tipo de unidades de medida. No existen los “económetros” ni los “sociombios” (¿desafortunadamente?), así que nos veremos reducidos a apreciaciones relativas, del tipo “más a la derecha que” o “más abajo que”, y necesariamente imprecisas. Lo primero significa que el centro está, por definición, en la media de la ubicación de toda la sociedad en ambos ejes. Lo segundo, que nos vale cualquier aproximación de punto gordo. Y sin embargo, usar el plano político en lugar de la restrictiva línea izquierda-derecha permite caracterizar mejor las diferentes posturas y ofrece muchas más vías de acuerdo. Se acabó el “ni para ti ni para mí”; ahora hay infinitos caminos que podemos seguir hasta encontrar puntos en común con los demás. Pero no es eso lo que os importa, y el morbo es el morbo. Aquí tenéis un cuadro donde se ubican diferentes personalidades, presentes y pasadas, en el plano político:

Personalidades políticas presentes y del pasado, ubicadas en el plano político. La posición relativa de unos y otros está adaptada de The Political Compass™ (http://www.politicalcompass.org/)

Ya sé qué estaréis pensando: ¡Zapatero es más de derechas que Hitler? ¡Aznar, más de izquierdas que Thatcher? ¿Y quién es Friedman? Ya está dicho, pero así y todo:

DISCLAIMER (o “descargo de responsabilidad”, que suena menos moderno):

La ubicación absoluta y la posición relativa de las distintas personalidades referidas en la figura anterior es obra de los ímprobos esfuerzos de los politólogos y sociólogos citados en la web The Political Compass™.Ignoro –y no me importa, en realidad– si la metodología para ello se ha basado en el estudio de centenares de textos y en la realización de millares de encuestas, o en el lanzamiento de dardos sobre una diana. La figura anterior sólo se incluye aquí a título ilustrativo.

Naturalmente, el siguiente paso lógico es comprobar por nosotros mismos dónde estamos ubicados. Podemos hacerlo a ojo, o podemos seguir el test político incluido en el sitio antes citado. También existe como aplicación de Facebook, pero personalmente tengo suficiente con ceder los detalles más íntimos de mi pensamiento político a una organización que no conozco de nada –no veo la necesidad de dárselos a una que sé positivamente que es perversa (aquí, aunque pueda no parecerlo, hay un chiste). Si hacéis el test veréis que el resultado os asigna unas coordenadas en el rango -10, +10 en ambos ejes: podéis apuntarlas para compararlas con las de vuestros amigos y las de vuestros líderes favoritos en esta otra página.

Colocarnos en un punto o en otro no es lo importante. Pensar con el apoyo de un modelo que permita una mayor variedad que la antigua dicotomía y saber con más detalle quienes somos y quienes son los demás puede darnos perspectivas nuevas, enriquecer nuestro punto de vista y ser más consciente de lo que nos une y lo que nos separa respecto de las alternativas de voto. Aspectos fundamentales, reconoceréis, para transformar entre todos nuestra anémica democracia en una Democracia Real.

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