El récord que Baumgartner no pudo conquistar

Felix Baumgartner lo consiguió: su salto desde 39 kilómetros de altura quedará grabado en los anales de la aeronáutica como un hito de esa curiosa inclinación humana para desafiar los límites y llegar más alto, más rápido, más lejos. Se ha hablado mucho del precedente de Joe Kittinger y su salto desde 31,3 kilómetros de altura en 1960. Algo menos del vuelo de Malcolm Ross y Victor Prather en 1961, que alcanzó los 34,67 kilómetros de altura y terminó con la muerte de Prather, ahogado en aguas del golfo de México durante el rescate de la misión. Y casi olvidada, la hazaña de Yevgeni Andreyev y Piotr Dolgov, que se saldó también con la muerte de este último y debería recordarnos que superar nuestros límites nunca será una tarea rutinaria.

Tanto Yevgeni Andreyev como Piotr Dolgov habían sido protagonistas de increíbles historias de superación personal. Andreyev había alcanzado el rango de teniente de paracaidistas en 1955, tras lo que se dedicó a la prueba de paracaídas en saltos de gran altitud. En su octavo salto, en 1959, sufrió una herida de gravedad en una pierna que debía haberle apartado definitivamente de su peligrosa profesión —la pierna afectada quedó más corta que la sana. Sin embargo, logró continuar en activo: el salto relatado aquí hacía su número 1510. Por su parte, Dolgov, tras participar en el último año de la II Guerra Mundial como aviador, había realizado nada menos que 1408 saltos en paracaídas desde el año 1947 y tenía en su poder ocho récords del mundo en diferentes aspectos de su disciplina.

El globo estratosférico Volga y sus tripulantes Andreyev y Dolgov. Museo de las Fuerzas Aéreas, Monino (Rusia). Foto: barcauan.ru

El primero de noviembre de 1962 Andreyev y Dolgov ascendieron desde el aeródromo de Volsk, a 147 kilómetros al nordeste de Saratov, en la margen derecha del Volga. Su globo, bautizado con el mismo nombre que el río que les veía partir, formaba parte de un programa de investigación biomédica y aeronáutica para el desarrollo de equipos de soporte vital para pilotos de altitud extrema. Sería la primera vez que la góndola del globo Volga ascendería con tripulación.

Góndola del globo Volga expuesta en el Museo de las Fuerzas Aéreas de Monino, Rusia. Foto: technic-memorial.narod.ru

Tras un despegue sin problemas a las 7:44 horas, y tras dos horas y veinte minutos de ascenso, Andreyev y Dolgov procedieron a despresurizar su cabina. Habían ascendido juntos, pero sus misiones eran diferentes. Andreyev se despidió de su compañero y saltó desde 25460 metros de altura. Fué un salto perfecto, durante el que experimentó una caída libre de 24500 metros con una duración total de 4 minutos y 30 segundos. Baumgartner debía haber roto este récord por más de cincuenta segundos, aunque la apertura prematura de su paracaídas se lo impidió diferencias en la velocidad terminal por la densidad del aire y el tipo de traje se lo impidieron*.

Andreyev y Dolgov (con el traje de presión). Foto: epizodsspace.airbase.ru

Dolgov procedió entonces a ascender hasta los 28640 metros. Su objetivo era probar un traje de presión experimental. Debía hacer todo el trayecto frenado por un paracaídas de arrastre que permitiera ralentizar la caída. Sin embargo, al salir de la góndola se golpeó el casco con la estructura externa y se produjo un pequeño agujero. Aunque los sistemas automáticos de su traje desplegaron correctamente su paracaídas, Dolgov estaba muerto mucho antes de llegar al suelo. Ni su compañero ni el equipo de apoyo que llegó más tarde pudieron, desgraciadamente, hacer nada por él.

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Carambolas de la vida, Dolgov terminó protagonizando tras su muerte una historia chanante de la guerra fría. Su accidente fue arbitrariamente asignado al programa espacial, y su nombre añadido al de los célebres “cosmonautas fantasmas”. Fuentes de relajada credibilidad —revistas esotéricas, expertos en ufología— dan distintas fechas para su fallecimiento, en una misión espacial que “se perdió”: septiembre u octubre de 1960, seis meses antes del exitoso vuelo de Gagarin. Otros rumores, provenientes de desertores huidos de la Unión Soviética, sitúan su accidente un año más tarde, en 1961. Habría muerto en una prueba del sistema de escape de la nave Vostok.

La apertura de los archivos soviéticos no deja, sin embargo, lugar a la duda. Dolgov murió haciendo algo muy peligroso, tanto en aquellos lejanos años 60 como ahora. Entonces, americanos y soviéticos buscaban hacer avanzar la ciencia y proyectar, con ello, el poderío de todo un sistema económico ante el mundo entero. Hoy nos conformamos con vender más refrescos.


* El artículo de lainformacion.com Por qué Felix Baumgartner no batió el récord de tiempo en caída libreda más información al respecto, aunque atribuye ese récord —según mi parecer, erróneamente— a Joe Kittinger.

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7 thoughts on “El récord que Baumgartner no pudo conquistar

    1. Gracias, Ricardo. Lo cierto es que no es tan difícil encontrar ejemplos de “los soviéticos también lo hicieron” respecto de casi cualquier cosa. Sin embargo nuestra historia oficial los descuenta sumariamente, como si de alguna forma el régimen político invalidara los logros —personales o colectivos.

    1. Si te refieres a que es una bola con la escotilla redonda, pues sí. No me parece raro que gente que solo conociera la historia de oídas (disidentes huidos del ejército, por ejemplo) acabara deformando la historia de esa manera. Buen punto.

  1. Excelente la informacion! yo segui la transmision del salto con algunos amigos y realmente nadie sabia de estos heroicos antecedentes y de su tragico fin,solamente se hablaba de Kittinger,que estaba alli,en el control de la mision como una especie de consejero o entrenador al parecer.Esta es la primera vez que me informo sobre estos antecesores! Los medios de comunicacion tampoco estan demasiado informados y si, es una pena que razones ideologicas hayan silenciado todo lo esplendido que se hizo en ese inmenso pais,casi un mundo desconocido para el occidente,Por ejemplo todo el mundo sabe de los problemas del Apolo 13…es mas la frase”Houston,tenemos un problema”…la dice mucha gente cuando surge una dificultad,bromeando por la pelicula,y todos sabemos de que se trata…y esta bien,fue sin duda una durisima situacion y aplaudimos que se hayan salvado,pero en cambio nadie sabe nada (salvo especialistas como en esta pagina) del noble gesto de Komarov y su triste muerte.Bueno,yo tambien ignoraba absolutamente todo hasta el año pasado ,con las celebraciones,cuando (AFORTUNADAMENTE!) se me pego fuerte el yuritrastorno,,,gracias a la yuriesfera y atodas las personas como vos por enseñarnos!

    1. La Yuriesfera fue —no creo que mis compañeros me contradigan en esto— un esfuerzo de justicia histórica. Ya hay gran cantidad de documentales y artículos destinadas al consumo de un público curioso que se dedican a revelar aspectos negativos de la Unión Soviética. Yo mismo no los rehuyo cuando, por la temática de la que se trate, salen a colación en este blog. Sin embargo, sea por motivos propagandísticos o simplemente como la perpetuación de un prejuicio, lo que hubo de positivo en “aquel país desconocido” queda entre sombras. En la Rusia actual existen gran cantidad de documentales que relatan, desde diferentes puntos de vista, muchas de estas historias: lamentablemente, los que no sabemos ruso estamos condenados a beber de fuentes secundarias. En este blog intento a veces destilar las fuentes secundarias, colegir lo que pueda de las primarias (no hablo ruso, pero puedo leerlo; ya es algo) e intentar con el resultado parchear el desconocimiento y el prejuicio. Con más o menos éxito.

      Te recomiendo que no dejes de visitar los blogs más activos de mis compañeros yuriesféricos @gabriel_hgs (Zemiorka) y @Eurekablog (Eureka). En ellos encontrarás muchas más historias de aquellos tiempos fascinantes. Y, naturalmente, te doy las gracias por leerme.

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