El regalo

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Me conecto por penúltima vez. Un vistazo rápido a las estadísticas y a los resúmenes de eventos. Esto está emocionante. ¿Qué habrá pasado?

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¡Reyes! A mamá le gusta celebrar eso. A mí me gustó el token de tiempo que me regaló. No tardé ni una hora en solicitar una reserva de computación e instalarle la última versión del simulador. ¿Te acuerdas? No hace ni dos años era un lujo para laboratorios famosos; ahora puedo ejecutarlo yo misma. Cuando la abuela era niña estaba aquel videojuego… ¿Cómo se llamaba? Simulaba gente en sus casas, con sus mascotas, sus muebles… Una vez la abuela nos contó a Alma y a mí lo que pasó cuando metió su personaje en la piscina de su casa y quitó las escaleras…

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[…] primer ministro acaba de presentar su dimisión como consecuencia del resultado del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en […]

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Algo pasa. Las autocrónicas están locas. La simulación está saltando al borde de la inestabilidad. ¿Hice bien en tocar eso que venía etiquetado como «no cambiar nunca»?

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[…] aparentemente imposible se ha transformado en realidad: Donald Trump ha sido confirmado por el voto del Colegio Electoral como presidente electo de […]

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Los sociólogos computacionales explican el relato de la civilización cambiando hechos. «¿Qué ocurre si cambiamos la fecha de la Fulguración, si Lither nace tres años más tarde, si…?». Pero casi nadie se mete con los parámetros de la respuesta psiconeurológica. Dicen que la estabilidad de la simulación depende de ellos, que la misma definición de Homo sapiens depende de ellos. ¿Por qué no jugar? ¿Por qué no emular una civilización de no humanos? Total, nunca han encontrado a nadie por ahí fuera…

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[…] proclamado como presidenta de la República Francesa a la candidata del Front National, […]

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Quizá fue un error. Asociar la variabilidad de la respuesta de la amígdala virtual a la concentración de dióxido de carbono en el aire… Qué idea. Lo mencionaban algunos trabajos experimentales antiguos. Intrigante. Nada publicado al final. Quién lo iba a decir: creas un miedo más volátil, lanzas un planeta entero de personitas virtuales al caos…

Por cierto, ¿por qué cada minuto simulado se come cada vez más recursos?

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—Buenos días, hija. Tienes pinta de haber dormido poco… ¿Tu juguete, otra vez? Ay, en qué hora…

—Solo quedan dos días de reserva, mamá. Tengo q…

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[Excepción en hilo 0x8BADF00D: error de desbordamiento de pila. Simulación terminada.]


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria extraordinaria #relatosJuguetes de enero de 2016. La imagen que lo ilustra es CC BY-NC-ND por Steve Petrucelli (fuente: Flickr).

Acunar el aire

Ella sentía las manos tibias. Las palmas, ligeramente rugosas, parecían acunar el aire entre los dedos. Los movió suavemente hacia adentro, como para asir algo que estaba y no estaba allí. En un rincón bajo su consciencia despertó el recuerdo de lo recién vivido, de lo que ha sido y de alguna forma química, flotando en la leve capa de aire que envolvía la piel lineada de sus manos, seguía siendo. Sin mover los brazos giró lentamente las palmas hacia arriba. Sus ojos las miraban, aún sin comprender. Quizá un par de segundos más tarde su diálogo interior le ofrecería una explicación, pero ese instante en el mar del tiempo la vio levantar las manos hacia su cara en un reflejo perezoso. Inspiró. El aire tibio con sus moléculas de historia y su recién ganada paz llenó sus fosas nasales.

De repente allí estaba todo. El olor de él. De su piel recorrida con deseo por las manos de ella. De su cuello y de su boca, de su lengua y sus pezones. El aire cálido de su sexo enfebrecido. De sus gemidos, tañidos de su cuerpo por las manos de ella. Del semen derramado. El aroma de su amor, de su pasión, de su recuerdo, de sus lágrimas compartidas, de su vida a trompicones.

Cerró los ojos. Volvió a abrirlos. Miró la palma de sus manos de nuevo y supo que volverían junto a él a renovar su olor.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosOlores de diciembre de 2016. La imagen que lo ilustra es CC BY-NC-ND por Ashley Rose (fuente: Flickr).

Sentado en el viejo tresillo

Sentado en el viejo tresillo. Fuera hace frío. Dentro hace frío. El vaho de su respiración acaricia la punta de su nariz como una nube de agujas. Pequeñas, invisibles. La luz gris del amanecer se abre paso a través del visillo. Los colores se marcharon del apartamento hace tiempo, casi a la vez que la amenaza entró por la puerta. Por las ventanas. Por las rendijas de la cocina. Por cada tubería y por cada toma eléctrica. Encendería una luz; quizá fuera la señal que buscaban. El aviso para cerrar su cerco. Agitado de pronto, mira la lámpara. Mira el interruptor. La tentación crece. Un último acto de rebeldía. Una última creación. Fiat lux.

No. Amanece. Los papeles garabateados encima de la mesa revelan sus contenidos. El gris claro le gana su pulso cotidiano al gris oscuro. La piel de las palmas de las manos, seca y pálida, busca calor en la áspera tela de la bata. Debería esconderlos. Al principio no entenderían. Harían preguntas. Todas las respuestas posibles son un crimen. No, mejor destruirlos. Quemarlos. Pero la luz. No.

Sentado en el viejo tresillo, esperando el ruido del ascensor. De las puertas metálicas batiendo. De las botas sobre el terrazo del rellano. Del timbre. Del final.

Esperando.


Este relato ha sido escrito para @divagacionistas en su convocatoria #relatosEspera de noviembre de 2016. La imagen que lo ilustra es CC BY-NC-ND por Michael W. May (fuente: Flickr).

Volver a empezar

Global People’s Tribune (2059-04-23): […] El equipo de nanoingenieros liderado por Harold Ponzi en Los laboratorios Poulder de Darwin, Australia, presenta el primer prototipo comercial de un sistema denominado VoNUBot, del inglés “nanobot universal de Von Neumann”. Siguiendo un programa transmitido mediante WiFi y utilizando materiales en bruto disponibles en las proporciones adecuadas, los VoNUBots pueden componer cualquier estructura tridimensional, incluso a sí mismos. La capacidad de autorreproducción es clave para su funcionamiento: aumentando exponencialmente la cantidad de bots en una determinada tarea, es posible conseguir tiempos de respuesta de minutos en la síntesis de estructuras macroscópicas complejas. La salvaguarda fundamental, un contador redundante que desactiva cualquier bot tras un número fijo de copias, evitará que el sistema pueda transformarse en un arma de destrucción masiva […]

Poulder Labs BugTraq #249320 (2059-04-30): […] Los VoNUBots son susceptibles de errores en el proceso de autocopia debidos a determinadas interferencias. Estamos investigando la posibilidad de que impactos fortuitos de rayos cósmicos en un bot puedan provocar un comportamiento errático y su desactivación ulterior por el mecanismo homeostático de sus descendientes […] La probabilidad de un impacto de este tipo es minúscula, pero no totalmente despreciable cuando los grupos de bots alcanzan volúmenes superiores a los 1016 individuos autocoordinados […]

NYTimes (2059-05-04): […] Un error, al parecer debido a una interferencia en la actualización de los contadores redundantes de una serie de VoNUBots, ha provocado una reacción en cadena que ha destruido un área de varias manzanas en Darwin, Australia. Equipos de bomberos y del ejército, equipados con material de contención NBQ, trabajan para impedir la extensión de la contaminación […]

El Planeta (2059-05-05): […] Naciones Unidas, en su resolución 337/59, ha solicitado el bombardeo nuclear por saturación de la zona del mar de Arafura y el golfo de Carpentaria afectada por la reacción en cadena incontrolada de nanomáquinas […] Fuerzas de la coalición euroasiática se están desplegando en la zona […]

Lunar Beta Log #3a34d011 (2060-08-06): […] La situación en la base lunar Beta es desesperada. El enlace con la red de seguimiento lunar de la Tierra quedó mudo hace ya 15 meses y los cambios en la composición atmosférica del planeta obtenidos por espectroscopía parecen indicar que la biosfera ha sido completamente eliminada y sustituida por una masa aproximadamente contínua de partículas autónomas capaces de autorreproducirse basadas en el silicio […] Estimamos que nuestro ciclo de recirculación podrá mantenernos con vida 7 meses más, aunque trabajamos para prolongar nuestra supervivencia […]

[643 millones de años después]

[…] Nuestra vida basada en el silicio es un misterio. ¿Cómo surgió? No lo sabemos. Pero permítanme avanzar una hipótesis. La biodiversidad actual proviene sin duda de un antepasado común, un primer replicador, surgido al azar hace aproximadamente seiscientos millones de revoluciones. Utilizando materiales prebióticos presentes en la corteza de la Tierra, la variación natural del proceso de copia provocó que éste replicador diera origen a varias poblaciones separadas que entraron en competencia […] ¿Será posible la vida con alguna otra base? Desde hace tiempo, nuestras investigaciones señalan al carbono como una interesante posibilidad, aunque los experimentos no han dado ningún resultado por el momento […]

Otra memoria histórica

En 1956, una marioneta intentó cortar sus propios hilos para caminar por sí misma. En , la estatua de —entonces presidente de la República Popular— tiene siempre flores frescas. A una distancia inquietantemente corta a pie se alza un monumento soviético a los caídos en la liberación de 1945. Las luces nocturnas iluminan con ardor todo el contorno de la plaza, pero el obelisco permanece a oscuras, rodeado por una valla antidisturbios, como una metáfora en piedra.

A Imre Nagy lo mataron por soñar una mejor. Con él se fueron a aquel país desconocido algunos miles más. Otros, muchos, escaparon por las fronteras entreabiertas. La libertad se perdió en la larga noche del país que llegó a ser conocido como el barracón más feliz del cuartel soviético. Los que no recordamos esta historia tenemos que aprenderla; cada vez que la libertad se apaga en algún lugar, el mundo entero se vuelve un poco más oscuro.

Novena Sinfonía

Octubre de 1944. En medio de un mundo resquebrajado y tambaleante, entre ruinas y zumbidos de bombarderos, el edificio de la sigue en pie. Las butacas vacías escuchan con reverencia: el concierto de hoy se emitirá por radio. No es seguro, ahora bien, que allá fuera alguien esté prestando atención en el paroxismo de muerte que envuelve el corazón de Europa.

Los profesores de la orquesta más importante de la nación están absortos en la tarea más absurda posible en estos momentos. Interpretan música. Como un solo cuerpo, responden al pensamiento en forma de gestos de un hombre alto, con porte distinguido y de cabeza bulbosa, lo que hace destacar más aún su calvicie. El director estrella del Reich de los Mil Años agita un pañuelo cada vez más lentamente hasta quedar congelado, brazos en alto.

Vistos así, detenidos en la pausa de un silencio general, componen una escena casi cómica. La atmósfera de tensión no colabora, sin embargo. Nadie sabe si podrán terminar la pieza con vida, sea por una bomba americana o por los insondables designios de algún Untersturmführer de las . Nadie sabe si su casa seguirá en pie cuando logren, finalmente, salir de la gigantesca ratonera del teatro. Hablando de incógnitas, nadie tiene idea de qué ha sido de algunos compañeros judíos. Algunos han oído rumores, pero se niegan a comprender.

, en su calidad de primer director del Reich, sabe algo, pero no mucho más. Ha intentado salvar a algunos, pero qué haya sido de ellos es un misterio. Puede que alcanzaran Suiza. Puede que estén ocultos en algún remoto lugar del campo. Quizá hayan muerto. Todo esto pasa fugazmente por su cabeza mientras, instintivamente, prolonga el silencio lo justo para decir, con su absoluta mudez, lo que tiene que decir. Aquí y ahora.

El primer movimiento de la de , compositor oficial de la Gran Alemania y favorito del Führer —desgracia que comparte con Wagner y Beethoven, todos ellos demasiado muertos para protestar—, va a terminar. Entra la coda, abstracta y extraña. Qué estaría pensando el viejo Anton: en su próximo final, en su última duda, en su angustia. Furtwängler comienza de nuevo a moverse y el sonido sale de algún lugar muy remoto en la negra noche de la guerra. De algún modo, sólo con los magnetófonos por testigos, la música alcanza su fin con un grito.

Quinta sinfonía

Es verano, pero hace un frío inusual fuera. Las paredes de papel del apartamento en el centro de , no lejos del , parecen transpirar ese frío húmedo, cruel, que tan sólo el humo del tabaco —también papel, en su mayor parte— parece conjurar con una apariencia de calidez. Dmitri Dmitrievich sostiene entre sus manos temblorosas un ejemplar de de hace unos días. En el, un crítico, un nombre cualquiera que el miedo ha transformado en el mismísimo Gran Padre ¡o quizás Él mismo! se despacha con precisa ferocidad contra su última obra.

llevaba cerca de dos años en cartel en el . Se diría que con un éxito más que razonable. No se le puede gustar a todo el mundo cuando se sale de los caminos trillados, pero así avanza el ideal, la cultura del pueblo. Y el pueblo —y la crítica— aplaudía. Sí, aplaudía. Pero de repente, los que antes cantaban sus alabanzas niegan ahora haber estado siquiera cerca del teatro en todo este tiempo. El frío parece haberse extendido por las caras de la gente en forma de sonrisas congeladas. Dmitri Dmitrievich teme que le reconozcan por la calle. Casi no sale. En noches como ésta vela en un raído sillón junto a la puerta. Todos los ruidos parecen el motor del ascensor arrancando, pasos en su rellano, la cerradura girando lentamente, accionada por una llave ajena.

“Confusión en vez de música”. “Formalista”. “Burda, primitiva, vulgar”. En otro lugar serían solo palabras, pero no ahora, no aquí. Por mucho menos, por nada, a veces, conocidos y amigos de Dmitri Dmitrievich han desaparecido sin dejar rastro. Sus pasados, borrados. Nunca estuvieron ahí. Su mismo valedor, , Mariscal de la Unión Soviética, había sido ejecutado como conspirador y enemigo del pueblo. Dmitri Dmitrievich sabe quién será el siguiente.

Sin prisa, pero con la sensación de estar luchando por su vida, Dmitri Dmitrievich se sienta en su escritorio. Abre un cajón y mira la pila de papel pautado, escrito a medias. Huele a polvo. Toma una hoja. Escribe a lápiz, con pulso algo tembloroso:



Respuesta musical de un artista soviético a unas críticas justas.