Currículum

Hola, me llamo Iván Rivera. Soy (¿era?) un emprendedor. Busco trabajo.

Mi currículum es el típico de una persona inquieta que lleva muchos años trabajando y por lo menos otros tantos haciendo de picaflor en campos anejos —o menos anejos. Soy ingeniero de Telecomunicaciones por la UPM, el último mohicano del plan 64M2 —es decir, el último que hizo una carrera de seis cursos, aunque no exactamente en seis años (tengo excusas; alguna mola bastante). Dicho sea de paso, hace relativamente poco tiempo que mi colegio profesional me hizo llegar una comunicación informándome de que a mí y a todos los demás mohicanos nos habían reconocido el nivel máster de Bolonia. Fue una pequeña alegría, aunque con pocas consecuencias. Mi Proyecto de Fin de Carrera (ahora ya no se llamaría así, naturalmente) iba sobre diseño de «hipermedia» educativo —el palabro ampuloso designaba algo muy obvio hoy: contenidos de texto, imagen, sonido y vídeo estructurados por «hiperenlaces», lo que vienen siendo enlaces, pero hiperguais. Hubo un tiempo en el que quise dedicarme profesionalmente a esas cosas; luego vino Moodle, lo «comoditizó» todo (lo convirtió en algo obvio y omnipresente, como el aire, el agua y Windows) y se acabó. Como dedicarse ahora al diseño de sistemas operativos.

Mi historia con el mundo ferroviario viene de lejos y tiene un origen parcialmente familiar: mi padre ha sido —está bastante jubilado— una figura dentro del pequeño pero muy enlazado sector de la tracción eléctrica para el ferrocarril. De hecho, llegué a cursar un máster completo de la Universidad Pontificia de Comillas en Sistemas Ferroviarios, que pagó la empresa para la que trabajaba en aquellos tiempos: Indra. Desafortunadamente (o afortunadamente, según se mire) justo antes de terminarlo me llegó una oferta para entrar a formar parte de la escala de dirección en Renfe Operadora. Nunca hice el Trabajo de Fin de Máster porque me sentía mal aprovechándome de algo que había pagado otra empresa por mí; además, pensé que nunca lo necesitaría. Cuánta inocencia.

En Renfe Operadora, la Renfe, perdí la fe que pudiera haber tenido en un futuro seguro y sosegado trabajando con trenes. La parte positiva de esta historia es que diversifiqué mis esfuerzos y entré en el mundillo de la divulgación científica. Profesionalmente, en cuanto me fue posible me establecí por mi cuenta; pensaba que podría dedicarme con éxito a implantar soluciones tecnológicas en empresas del sector ferroviario que no eran particularmente proclives, por su tamaño, a disponer de equipos propios de tecnologías de la información. La idea no era mala, pero los años me enseñaron que si no tienes socios nadie busca trabajo mientras el trabajo se hace, y viceversa.

En la actualidad apoyo a mi padre en su semijubilación —abrió una consultora para dar continuidad a una serie de proyectos que le involucraban personalmente más que a su antiguo empleador— mientras cavilo maneras de avanzar en mi carrera. Un posible camino: volver sobre mis pasos y buscar aventuras en el mundo de la ingeniería del software. He trabajado de forma más o menos directa con todos los elementos que constituyen la base de las tecnologías de la información, en su vertiente de código abierto. Hubo un tiempo en el que fui el experto en interfaces gráficas multiplataforma con Swing de mi departamento, y algunos evangelistas de Sun Microsystems (ahora Oracle) conocían mi nombre. Me preocupaba la legibilidad del código y enseñaba a la gente a usar herramientas de limpieza (code linters). Diseñé un híbrido de SCADA y SIG para integración y monitorización de tráfico ferroviario de alta velocidad. Mi antigua empresa vende todavía el sistema Da Vinci que lo integra —pero qué poco originales fueron con el nombre, pardiez.

Ahora todo el mundo usa Git y lo da por descontado; yo vi las caras de incredulidad al montar el primer servidor de CVS para llevar un control de versiones en mi departamento, la alarma la primera vez que hicimos un branch y el crujir de dientes del primer merge. Todo el mundo sabe lo que es un issue tracker; yo montaba Bugzillas en el 2003. Todo el mundo hace unit testing y yo empecé a usar JUnit antes. Desde que me independicé como consultor trabajo con la pila LAMP (Linux/Apache/MySQL/PHP, aunque también hice algunos pinitos con Perl), aunque cada vez me dedico más a especificar y lanzar máquinas virtuales que a cambiar su comportamiento. He estado proporcionando servicios de software por suscripción (SaaS) con Google Apps for Work —que también tiene una pila interesante de APIs, que suelo usar en su versión en Javascript. He montado webs con sistemas de gestión de contenido multilingüe (WordPress+WPML). He tenido contactos con XML, XSL, RDF y algunos TLAs (Three Letter Acronyms) más del mundo de la web semántica. Y soy escéptico con las sopas de buzzwords —aunque tan culpable como cualquiera de utilizarlas.

No me gustaría que mis 42 años inspiraran en algunas personas que no entendían la tecnología de la década pasada ni entienden la de ésta la absurda idea de que mi historia me incapacita para aprender.

Lo que me lleva a un rincón un poco más personal de este pequeño cuento. Vivo en las inmediaciones de Madrid; no es algo que me ate particularmente, de no ser por mis dos hijos en edad escolar, confiados a la custodia exclusiva de mi exmujer. Si me mudo (cosa que, confieso, en otras circunstancias haría encantado) dejaré de verlos. En el tiempo que llevo explorando posibilidades de trabajo lo único que ha surgido me llevaría a América Latina o a Arabia Saudí; digamos que por el momento prefiero seguir explorando otros caminos hasta que me convenza de que por edad, por experiencia o la combinación de ambas cosas eso será lo único que conseguiré.

Igual debería haber empezado por aquí.

Sin embargo, no quiero limitarme a considerar alternativas en el mundo digital. Durante mi estancia en Renfe, y más adelante en mi desempeño como consultor demostré mi capacidad para coordinar equipos de trabajo. Mi estilo podría definirse como positivo, integrador y de baja fricción: bastante autocracia hay ya implícita en la empresa moderna como para empeorarla con modos acerbos y dictatoriales. También he podido poner a trabajar mis otras capacidades: dirigí la campaña para transformar un diseño de ingeniería de una subestación modular de tracción en un producto. Produje eventos en ferias comerciales, materiales promocionales e incluso una pieza audiovisual. Soy, por encima de todo, una persona con recursos y capacidad de autogestión.

El final del currículum, en plan batiburrillo: my English, both written and spoken, is pretty good for a La Mancha-born chap (no certifications to show for this, but I reckon my level ought to be near C1). C’est le même pour le français (niveau B2 a peu près, si bien la diabolique orthographe française m’oblige de temps en temps de me prendre la tête entre les mains). I love languages, j’aime les langues, me gustan los idiomas, ich spreche ein bißchen Deutsch y sé cosas curiosas como leer y escribir árabe (viví dos años en Marruecos de adolescente). Entiendo un poco, por afición más que otra cosa, de asuntos tan azarosos como la astronáutica, la astronomía, la tecnología nuclear o la gestión de riesgos tecnológicos (a decir verdad, de esto estudié bastante en mi máster-que-no-fue). Podría hacer algún episodio de «Diversión con banderas» sustituyendo a Sheldon Cooper (si no habéis visto The Big Bang Theory os lo perdono; yo casi siempre que veo una serie es por accidente). Soy fan de la ortotipografía. Distingo Arial de Helvética al primer vistazo casi siempre. Conozco la historia numismática de España al dedillo desde mediados del siglo XIX hasta ahora. Y llevo ocho años aprendiendo a tocar la flauta travesera. En este blog y en algunos otros lugares hay pruebas de todo lo que digo.

Y hasta aquí la dosis de hoy de narcisismo curricular. ¿Encontraré alguien para quien mi combinación particular de capacidades y conocimientos sea útil? ¿Volveré algún día a engrosar las filas de los obreros que no quieren saber que lo son? ¿O tendré que reducirme a encontrar inversores para un par de ideas que tengo mientras peleo cada día para mantenerme por encima del límite? Quien hace un emprendimiento, hace ciento. Pero si la cosa está muy mala para el trabajo, imaginaos para que un banco os dé dinero… Máxime si tu primera empresa ya fracasó.

Empezaré por desearme suerte a mí mismo.

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A la huelga. Paradlo todo.

Este artículo ha sido publicado originalmente en el blog de Empresarios contra los recortes.

Huelga: anticuada e inútil, dañina y política. Qué cosa más mala, la huelga; dicen los que plantean supuestas “soluciones” a su crisis desde el punto de vista moral de un moderno zombi calvinista. Que invocan recortes para crecer con la misma eficacia del borracho que pide “una copita más” para dejarlo. Que infligen daño a toda la sociedad y a cada uno de nosotros, arrebatándonos derechos, posibilidades y futuro. Que hacen lo posible y lo imposible por degradar el concepto de política entre nosotros, trocándolo en pelea de patio de colegio, en fuente inagotable de corruptelas, en la hez de la sociedad ―evadiendo a la vez mancharse mudando su terno de “políticos” por el supuestamente más prestigioso de “gestores”.

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Trabajar cuesta trabajo

No tengo ni idea, ni la más repajolera idea (repito) de cómo funciona el negocio de las búsquedas de empleo en la red. Por eso, sitios como IT Jobs Watch, que permiten comprobar de un vistazo el grado de demanda por palabras clave de lo que se ofrece en línea, segmentándolos por regiones y por salario, proporcionan lo que parece ser una potente herramienta para la orientación laboral. Para la de John Smith, ya que los datos se refieren al Reino Unido. ¿Y para Pepe Pérez? Quizá no tenga el grado de monez que el detallín de los iconos meteorológicos le da a IT Jobs Watch, pero InfoJobs Trends Salarios podría acercarse en utilidad. Gráficos, segmentaciones por palabra clave y región… Sólo para InfoJobs.net, claro, pero a fin de cuentas es la empresa con más volumen en el sector del empleo en la red. Aún así, muy interesante. Si tuviera algo que ver con la realidad.

Para empezar, un porcentaje descorazonador de las ofertas de empleo no ofrece información salarial que llevarse a la boca. Buena forma de negociar: el que primero hable de pasta, pierde. En el momento de la solicitud es demasiado fácil filtrar y priorizar; durante la entrevista “no conviene”, es mejor dar la imagen de que se trabaja por amor al sufrimiento y al dolor, y hay libros enteros dedicados a dar una respuesta a la pregunta con trampa por antonomasia (“¿Cuánto querrías ganar?” o peor aún, “¿Cuánto ganas?”); durante la negociación… ¿Existe esta fase, más allá del “esto hay, lo tomas o lo dejas”?

Plantada la duda razonable sobre la representatividad estadística de la información salarial, me cabe otra todavía más gruesa (sin miradas sucias, por favor): ¿son reales los puestos en oferta? Porque los amigos de Recursos Humanos son tan perezosos como cualquiera —sin ánimo de ofender—, y si contrataron el anuncio por un mes pero el puesto se cubre en la primera semana gracias a un contacto (nombre educado para los enchufes de toda la vida), nadie en su sano juicio supondría que va a ser dado de baja. O, abundando en la fantasía, que algún alma caritativa vaya a mandar un mensajito tipo “sigue buscando, hay premios en miles de tapas” a los esperanzados 243 solicitantes.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Dejando de lado el uso publicitario de las ofertas de empleo (falsas) que ninguna empresa usa para mejorar su imagen ante posibles clientes que pretenden, ilusos, usar todos los medios a su alcance para estimar la solvencia que ese comercial sitúa muy por encima de la ionosfera, también existe otra práctica grisácea. RR.HH. tiene la desgracia (compartida con los amigos informáticos, que saben mogollón) de no ser un departamento productivo para empresas que no se dedican sólo a eso, que son mayoría. Por mucho poder que tengan o aparenten en una organización, la alta dirección los ve como lo que son: una fuente de costes netos. Para protegerse de los malos pensamientos, hacen lo que cualquiera en su lugar haría —inventarse una cuenta de resultados, unas cifras de productividad, y por tanto una métrica. “Procesos de contratación iniciados”, por ejemplo. Si la actividad de la empresa no da para llevarse un currusco de pan duro a la boca, RR.HH. se protegerá iniciando unos cuantos procesos por su cuenta. No muchos, para que no se note la bola, pero sí los suficientes para que cuando lleguen los recortes tengan unos resultados que mostrar. Y mientras, InfoJobs va camino de publicar un millón de empleos en plena crisis.

Un día en los tablones de empleo

¿Por qué no? Los tablones de empleo en la red también pueden servir como fuente de entretenimiento para las tardes muertas del verano en las empresas sin jornada continua. Lo que sigue está sacado de InfoJobs.net, canal Tecnología, provincia de Madrid. Los títulos de las ofertas no están retocados. El sarcasmo es mío, aunque a veces no lo parezca:

  • TÉCNICO DE POYECTO TECNICO. Obsérvese la sutileza en el uso de las tildes para evitar la reiteración. ¡Para el poyecto técnico hace falta un técnico, no un furgolista, hoygan!
  • Ingeniero de Creación de Órdenes Intelectuales. Esto tiene más nivel, sobre todo por lo de “intelectuales”. A todo esto, ¿qué es eso de las órdenes intelectuales? El texto de la oferta da alguna pista arcana sobre . Otra oferta contigua habla de órdenes administrativas, algo de menos caché, sin duda. Buena suerte con la contratación.
  • TECNICO INFORMATICO CON INGLES. Todo un clásico, pero no especifica si las “ingles” las quieren brasileñas. Eso, y la sinceridad del 18000 €–18000 € como horquilla salarial, hacen que la promesa de beneficios sociales resulte deslucida, pese a las gritonas mayúsculas.
  • PROGRAMADOR SENIR .NET. La errata es lo de menos: lo mejor está dentro.

    “Estamos ampliando nuestros equipos en clientes y queremos incorporar 10 para un proyecto […]”

    ¿10 qué?

    Disponemos de planes de formación para mejorar la carrera profesional.

    ¿La de quién? Deslices, deslices…

  • CONSULTORES MAQUETACION. No, aquí no “inflamos” los títulos de nuestros profesionales. Por cierto, buena página web la de esta empresa.
  • Informáticos HIGH LEVEL. ¡What a level, Mari Nieves! Y, dentro:

    Buscamos “personas“ […]

    ¿Hacen falta más comentarios?

El efecto Mar Muerto

El efecto Mar Muerto, propuesto por Bruce Webster en The Wetware Crisis: the Dead Sea effect, es un organizativo común en grandes compañías, y particularmente frecuente en empresas de Tecnologías de la Información. Establece que dada una fuerza laboral en la que la competencia y la capacidad se distribuye de forma más o menos aleatoria, las vicisitudes de la mala gestión como una remuneración inapropiada, la falta de reconocimiento, y en general todas esas ineficiencias tan explotadas por Scott Adams en su Dilbert van eliminando del conjunto a aquellas personas más capacitadas para encontrar otro empleo en el que (intentar) huir de su destino gris.

El resultado: como en el Mar Muerto, en el que la sal se concentra hasta impedir la vida, la compañía aquejada por este efecto termina reteniendo al personal menos empleable, resultando en algo muy similar a la esclerosis para toda la organización. No importa que, durante un ciclo alcista, una política inteligente de contratación permita aumentar el nivel medio de competencia; con el tiempo, la propia naturaleza del sistema elimina a todo aquel que podría, razonablemente, conseguir un empleo diferente en alguna otra parte. No es que sólo queden incompetentes: en el Mar Muerto también hay agua, después de todo, y en cualquier empresa hay personas con mayor aversión al cambio por motivos muy diversos. Pero la dilución del ímpetu, del deseo de mejora y de todo aquello que suponga un reto en la organización la lastra irremediablemente.

Hay que ver qué inventiva tienen las estrellas de la consultoría. ¿Conocéis alguna empresa en la que ocurra esto?

Trabaja conmigo

Tal vez esta información sea relevante para un amiguete que ha enviado su CV a Google: un conjunto de vídeos de YouTube en el que empleados de la compañía intentan parecer naturales, con mayor o menor éxito, mientras describen lo que para un 99,9999% de la población mundial con unos estudios o experiencia remotamente relacionados es un sueño inalcanzable.

Si algo traslucen los vídeos es, precisamente, la cualidad acogedora y absorbente como hogar para geeks del googlespacio. Deberían aprender esas empresas, generalmente del sector tecnológico, que buscan empleados con el mayor número posible de esta lista de cualidades:

  • Joven. Menor de treinta. Si puede ser, menor de veinticinco. Cuanto más joven más barato y manejable.
  • Con muchos estudios. Si es posible, todos. 20 años de experiencia en Java, como poco.
  • Soltero. Idealmente, no tan feo como para que al jefe le de asco mirarte, pero sí lo suficiente como para no comerse una rosca en años.
  • Desplazados, viviendo con seres del mismo sexo en un piso compartido.

Si Google pide todo eso, al menos parece que da algo a cambio. Afortunadamente, parece que incluso en este país pueden encontrarse otros huecos donde trabajar más o menos a gusto, destacar (aunque sea sólo un poquito) y tener una vida entre horas. Esta lista de las 50 empresas con más futuro de España da algunas pistas; creedme, lo sé por experiencia. No todo es trabajo basura.