Música bolchevique (falsa)

Hubo un tiempo en que las marchas militares eran uno de los principales escaparates de la idiosincrasia de una nación. Así, es difícil no escuchar música militar inglesa sin pensar en el Imperio a la hora del té —con Elgar como su exponente más depurado—, marchas americanas sin imaginarse un circo —¡Sousa y sus sousáfonos!—, chundachundas alemanes sin transportarse mentalmente a la cervecería del Putsch o pasodobles españoles sin gritar ¡olé! El subgénero de la marcha bolchevique adaptó libremente las marchas zaristas con su inconfundible sabor ruso-ruso, a la vez que añadía grandes aportaciones a la música de combate del mundo entero. ¿Quién, ideologías aparte, puede escuchar una de estas galvanizantes piezas sin emocionarse?

[Holger] Rompler, de la Universidad de Leipzig (Alemania), resucitó una proteína neandertal y, durante varias semanas, mantuvo células vivas con esta proteína para ver su función. El problema es que las células en cultivo no sobreviven más de tres horas sin cuidados. «Para mantenerse despierto en el laboratorio, el bueno de Holger recurrió a la estratagema de oír incansablemente un CD de triunfales marchas militares bolcheviques», rememora Lalueza-Fox. Semanas después de haber terminado su trabajo, Rompler seguía escuchando el coro del Ejército Rojo dentro de su cabeza. Finalmente, decidió abandonar la ciencia.

«El neandertal nos diría que Dios no existe», Materia, 19/02/2013

En fin. Sin embargo, la banalidad que me trae hoy por aquí es la de glosar el sub-subgénero de las marchas bolcheviques falsas. Exacto: piezas compuestas para simular ambientes de rojerío militarista sin caer en el recurso de usar música ya existente que tal vez pudiera interpretarse por los macartistas —abundantes en todo ambiente y época— como glorificaciones sospechosas del comunismo. ¿Será la rojez contagiosa, a pesar del desgarrador testimonio del profesor Rompler? No son numerosas, pero en algún caso hay bastante inocente que cree a puño cerrado en su autenticidad… Con todos vosotros:

Que sí, que este es el Ejercito Rojo. (Foto modificada del original: archivo RIA Novosti #802356)
Que sí, que este es el Ejercito Rojo. (Foto modificada del original: archivo RIA Novosti #802356)

La marcha de Topaz

Hitchcock pegó el patinazo más sonado de su carrera con Topaz, un larguísimometraje de espías con rusos, cubanos y topos malísimos que comienza nada menos que así:

La marcha de Topaz fue compuesta, como el resto de su banda sonora, por Maurice Jarre. Pese a la opinión mayoritaria, el gusto por la percusión masiva no es nada soviético y tiene bastante de francés, aunque ¡quién se imaginaría un ataque de ese calibre enviado por quien sería el compositor de Ghost!

Y ya puestos a imaginar, quién sospecharía de un presunto plagio… Yo mismo. Escuchad:

¿Os suena similar?

Command & Conquer: Red Alert

Un viejo conocido del género de la estrategia en tiempo real, Command & Conquer: Red Alert (y sus secuelas) nos acerca, de la mano de su compositor James Hannigan, una marcha pseudosoviética con mucha, mucha marcha —cortesía de una historia alternativa en la que la agresividad militar de la URSS deja a la vieja Unión Soviética de nuestra línea temporal como un monumento a la respuesta pasivo-agresiva.

Bola extra: encontrar las referencias al vodka y a los osos en la letra (es fácil, os he puesto una versión subtitulada). Además, también existe esta versión para voz femenina (¿contralto?), con un pequeño preludio-homenaje al estilo de los tiempos de los ocho bits.

La caza del Octubre Rojo

Basil Poledouris, el compositor de la banda sonora de The Hunt for Red October jugó bien sus cartas. Con una letra cantada en ruso por un coro que a cinco mil kilómetros de distancia da el pego, el Himno del Octubre Rojo sirve como una efectiva puesta en escena para lo que no deja de ser otra película más de rusos deseosos de cambiar las estepas del Volga por las estepas de Dakota del Norte. Dónde va a parar.

¿Y vosotros, conocéis más falsos rusos?

Cómo cortarse las uñas en el espacio… bien

Esta entrada fue publicada originalmente en Naukas el día 19/01/2013.

Hace pocos días llegó a mi pantalla, a través del gran Daniel @Eurekablog Marín —fuente de todo lo astronáutico— este vídeo grabado por Chris Hadfield, astronauta canadiense actualmente a bordo de la Estación Espacial Internacional en su Expedición 34. En él nos muestra a los espaciotrastornados de la superficie cómo realizar una tarea en la que en nuestros sueños de ingravidez casi ninguno habíamos pensado en realizar: ¡cortarnos las uñas… en el espacio!

Dejando aparte el hecho —suavemente grimoso— de observar los recortes uñeros de un extraño, es difícil evitar hacerse algunas preguntas sobre un proceso tan trivial en tierra como complejo en microgravedad. No parece que la rejilla de ventilación extraiga un flujo de aire demasiado generoso, a la vista del movimiento del trozo de uña, así que ¿qué ocurre si se nos pierden fragmentos? ¿Tener lo que esencialmente son astillas flotantes perdidas por los conductos de ventilación es buena idea? ¿Qué pasa con los trozos que siempre salen disparados? (Eh, a mí me pasa. Igual es que me corto las uñas mal.) Y, sobre todo, ¿cómo han permitido que un cosmonauta lleve un cortaúñas en su equipaje? ¿No ven que podría secuestrar la ISS para estrellarla —es un decir— sobre la sede de algún gobierno occidental?

Mención aparte de esta última y desasosegante cuestión (cuál elegir…) es normal pensar que debe haber algún modo mejor de cortarse las uñas en el espacio. Y resulta que ¡lo hay! No hay nada imposible para un buen espaciotrastornado. Aquí y ahora os presento en exclusiva el MMM —Método de Manicura en Microgravedad, de un servidor:

Necesitaremos un cortaúñas (bien escondido en el equipaje facturado), una bolsita de plástico transparente y un coletero, una banda de goma o similar que se pueda ajustar bien a nuestra muñeca. No hará falta que nos lo llevemos nosotros; en el cajón de sastre de cualquier estación espacial razonablemente surtida podremos encontrar gomas de muchos colores y bolsitas de varios tamaños.

Ahora abrimos el cortaúñas, lo metemos en la bolsa e introducimos también la mano cuyas uñas nos hagan parecer más una versión espacial de Nosferatu. ¡Atención, si rompemos la bolsa con nuestras uñas o con el cortaúñas algún compañero podría acabar con una esquirla en un ojo! Aseguramos bien la bolsa a la muñeca haciendo uso de la banda de goma: cuando esté bien cerrado, podemos empezar.

Con la otra mano tomamos el cortaúñas —previamente abierto, esto es muy importante— desde fuera de la bolsa y empezamos a cortarnos las uñas. Al principio tardaremos un poco más que en tierra, pero ¡estamos en el espacio! Todo es más difícil en el espacio —todo menos flotar por ahí molando mil, se entiende. Cuando hayamos terminado, tiramos de la bolsa con la mano libre recorriendo el contorno de la mano embolsada para mantenerla cerrada en todo momento. Sacamos con cuidado el coletero y el cortaúñas y ¡ya está! Ya tenemos las uñas perfectamente recortadas y listas para que se nos caigan la próxima vez que tengamos que hacer un paseo espacial para apretar algunos tornillos.

Ya solo tengo que esperar que mi manifiesta creatividad en microgravedad me gane un puesto en alguna expedición futura a la ISS. Pero no pienso decir dónde llevaré escondido el cortauñas.

Visionarios políticos

Leyendo el periódico —por el interné, a ver qué tipo de persona vas a pensar que soy— no he podido evitar que me viniera cierto recuerdo televisivo a la mente. Son ocho minutos de nada: ¿qué son ocho minutillos en tu ajetreada vidas? Recuérdalo conmigo. O disfrútalo por primera vez si eres demasiado joven para recordarlo, querido lector:

Quién iba a decir que Faemino y Cansado acabarían siendo unos visionarios políticos.

A Marte en buena compañía

© io9.com

Dentro de cuatro días (y no “como quien dice”, sino cuatro días literales) el vehículo más grande y pesado jamás construido por la especie humana intentará posarse en Marte. La comunidad entera de espaciotrastornados, representada aquí por el que suscribe, le desea a Curiosity buen aterrizaje y una larga y próspera vida, garantizada por su corazón de plutonio.

Aprovechando que una buena parte de los aficionados al espacio lo han sido o lo son también de la franquicia Star Trek, la NASA ha pedido a dos “viejas glorias” —al menos en uno de los dos casos— que narren en un mismo vídeo la Gran Entrada: cómo debería ser, si todo sale según lo previsto, el aterrizaje de Curiosity en la zona del crater Gale.

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Tocando la flauta mientras todo se hunde

Parece que hubiera sido ayer, pero ya ha pasado año y medio desde la última vez que aproveché mi blog-cajita de frutas para asaltaros con una grabación del menda soplando en su flauta travesera como si no hubiera mañana. La diferencia con la de hoy, claro está, es que la obra de mi última audición es algo más compleja —además de que lo de “no haber mañana” parece más literal que nunca. Así que ¡divirtámonos! Con vosotros, un principiante con casi cuatro años de estudios de flauta travesera a sus espaldas, buscando su camino con algún tropiezo a través de las notas de una obrita de Mozart no muy difícil: el primer movimiento del Divertimento nº4 en Do Mayor para trío de corni di bassetto K. 439b. Arreglado para dúo de flautas, of course. Nada de quejas, que la última vez fue Gyrowetz.

Como de costumbre, la parte realmente complicada la hace José Ramón, mi profesor, al que agradezco el esfuerzo de tocar pese a una lesión en la mano derecha que lo tuvo en dique seco un tiempo.

Visiones audaces

Vivimos días tristes. Un carrusel sin fin de fraudes e injusticias está envenenándonos. Nos sentimos inútiles. Impotentes. Incapaces de controlar nuestro propio destino. Hoy, sin embargo, quiero proponeros que veáis este vídeo. En él, el astrofísico y divulgador Neil deGrasse Tyson nos recuerda que la “década prodigiosa” del espacio, los años 60, fueron también sombríos y turbulentos.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=WlGemHL5vLY]

El espacio como estímulo económico, pero también como estímulo emocional. La aventura como trampolín de la Humanidad hacia un futuro que, agobiados por ficciones económicas, hemos dejado atrás. El sueño del progreso contra una austeridad castrante que, como primera medida allá donde se impone, siempre prohíbe soñar.

Con Gagarin a las estrellas

Gracias a mi amigo @DaniEPAP, del blog Ese Punto Azul Pálido (Pale Blue Dot), me llega With Gagarin to the Stars (“Con Gagarin a las estrellas”), un interesante y no muy conocido documental acerca de la gesta de —en palabras del propio documental:

[…] un hombre corriente, en el que había algo de todos nosotros. Alguien que compartía con nosotros un mismo sueño, y que al hacerlo realidad, nos representó a todos.

Hoy, 12 de abril, conmemoramos el 51º aniversario del primer paso de la Humanidad en el espacio. Celebremos como se merece el recuerdo de un momento en la Historia con sus penas y tribulaciones, como cualquier otro, pero en el que al menos parecía vislumbrarse un futuro más allá de las nubes. Aquí os lo dejo, en tres partes:

Parte 1/3:

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